Hace unos meses me mudé a un apartamento nuevo, emocionado con el cambio, lo primero que hice fue hacer una lista de los electrodomésticos que necesitaba comprar. Nevera, lavadora, televisor… pero cuando llegué a la tienda me encontré con algo que no esperaba: filas de electrodomésticos con etiquetas llenas de letras y números que no entendía bien. ¿Cuál era la diferencia entre uno y otro? ¿Valía la pena pagar más por el que decía "A"?
Esa tarde aprendí algo que cambió la forma en que uso la energía en mi hogar. Y hoy quiero contártelo, porque consumir energía de forma eficiente no solo es una buena manera de ahorrar en la factura de tu servicio, también es un hábito que todos debemos adoptar en estos tiempos de conciencia ambiental.
Además de seguir consejos como aprovechar la luz del día, utilizar bombillos ahorradores LED o apagar las luces cuando no las estés usando, es importante incorporar una serie de recomendaciones que te ayudarán a hacer un consumo de energía más eficiente en tu hogar o lugar de trabajo.
1. Electrodomésticos: Clasificación y elección inteligente
Cuando estaba frente a las neveras en la tienda, el vendedor me explicó algo clave: todos los electrodomésticos vienen con una etiqueta de eficiencia energética que los clasifica con letras. Y esa letra importa mucho más de lo que pensaba.
¿Cómo elegir mejor?
- Si vas a comprar un electrodoméstico nuevo, prefiere los de bajo consumo clasificados con las letras A, B o C.
- Los equipos con letras D y E tienen consumo medio, y los con letras F y G tienen alto consumo.
Elegí una nevera con clasificación A. Sí, costó un poco más, pero con el tiempo el ahorro en la factura compensa la diferencia. Los electrodomésticos con mejores clasificaciones requieren menos energía para realizar sus funciones, y hoy, meses después, puedo confirmarlo.
2. Consumo de energía en el hogar según la hora del día
Lo que nadie me contó antes de mudarme es que no solo importa qué electrodomésticos tienes, sino cuándo los usas. El consumo de energía en el hogar varía según nuestras rutinas. Identificar los momentos de mayor uso permite distribuir mejor las actividades, evitar sobrecargas en la red y adoptar hábitos más eficientes.
Esto fue lo que aprendí después de revisar mi primera factura con más atención de la habitual:
Mañana (6:00 a.m. – 12:00 p.m.)
Actividades frecuentes: duchas, preparación de alimentos, lavado de ropa.
Yo solía ducharme largo rato y poner la lavadora mientras hervía agua para el desayuno. Ahora tomo duchas de 5 a 7 minutos y uso la lavadora y la licuadora de forma escalonada para no sobrecargar la red.
Mediodía (12:00 p.m. – 2:00 p.m.)
Momento habitual de cocinar y asear la casa.
Descubrí que, con abrir las ventanas de lados opuestos, el aire circula y refresca el apartamento sin necesidad de ventilador. Cocinar con luz natural evita encender luces innecesarias. Pequeños gestos que suman.
Tarde (2:00 p.m. – 6:00 p.m.)
Uso de computadoras, televisores y aspiradoras.
Mi truco: no usar todos estos dispositivos al mismo tiempo. Distribuir su uso evita concentrar el consumo energético y generar picos altos en la factura.
Noche (6:00 p.m. – 10:00 p.m.)
Mayor demanda de iluminación y equipos eléctricos.
Esta fue la lección más difícil de aprender: la noche es el momento en que la red eléctrica suele estar más exigida. Por eso, ahora evito lavar y planchar después de las 6 p.m., apago los dispositivos que no uso y no dejo luces encendidas en habitaciones vacías.
Madrugada (10:00 p.m. – 6:00 a.m.)
Actividades de descanso y uso de dispositivos electrónicos.
Antes dejaba el celular cargando toda la noche. Ahora uso un temporizador para evitar consumo innecesario. Y siempre verifico que la nevera esté bien cerrada antes de acostarme.
3. ¿Cómo usar mejor los electrodomésticos que más consumen energía?
Algunos equipos están en uso constante o requieren más energía para funcionar. Con el tiempo, fui ajustando mis hábitos con cada uno de ellos:
- Nevera: La tengo alejada de la estufa y de donde da el sol. Ubicarla lejos de fuentes de calor la hace trabajar menos para mantener la temperatura. Y siempre me aseguro de que la puerta cierre bien para evitar abrirla innecesariamente.
- Estufa, horno y equipos de cocina: Los uso solo cuando los necesito y los apago en cuanto termino. Una costumbre nueva: nunca abro el horno mientras está funcionando, porque cada vez que lo hago pierde temperatura y tiene que trabajar más para recuperarla.
- Lavadora, secadora y plancha: Junto varias prendas antes de poner la lavadora para aprovechar cada ciclo al máximo. Cuando el clima lo permite, seco la ropa al aire libre. Y cuando plancho, lo hago en bloques seguidos para aprovechar el calor acumulado.
- Televisor, computador, módem y parlantes: Aprendo a apagarlos cuando no los uso. Los cargadores conectados sin uso también consumen energía en modo de espera, así que ahora los desconecto.
- Bombillos y lámparas: Cambié todos por LED. Aprovecho la luz natural durante el día y solo enciendo la luz artificial cuando es estrictamente necesario.
- Ventiladores y aire acondicionado: Los uso solo cuando realmente los necesito y mantengo puertas y ventanas cerradas para conservar la temperatura más tiempo.
4. Hábitos que marcan la diferencia
Hoy, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que ninguno de estos cambios fue radical ni costoso. Fueron ajustes pequeños en mi rutina diaria que, sumados, hacen una diferencia real en mi factura y en mi huella ambiental.
Como puedes ver, la forma más fácil de ahorrar energía es usándola eficientemente, siendo consciente de que consumirla responsablemente depende de ti, así como de las prácticas que incorpores a diario en tu casa o lugar de trabajo. Consumir energía de manera eficiente no solo ayuda a tu bolsillo, sino que contribuye al bienestar de tu entorno, reduce el impacto ambiental y promueve una cultura responsable de uso energético.
Si estás pensando en mudarte, renovar tus electrodomésticos o simplemente hacer algo diferente este mes, empieza por una sola cosa. Con el tiempo, el resto viene solo.
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