Un accidente que cambió su vida

A sus 22 años, Jeisson Roncancio trabajaba en ornamentación de manera independiente. Su vida transcurría entre herramientas, estructuras y la satisfacción de ver un trabajo bien hecho. Sin embargo, un accidente eléctrico cambiaría todo en cuestión de segundos. 

Mientras subía una canal de aluminio a un tejado, la estructura rozó un cable de energía. La descarga lo dejó inconsciente de inmediato. “Reaccioné primero en la ambulancia, luego en urgencias y ahí volví a quedar inconsciente durante 21 días”, recuerda. 

Al despertar, los médicos le informaron que debían amputar su mano derecha. También sufrió severas quemaduras, lesiones internas, pérdida de peso, afectaciones en la movilidad, en la voz y en el equilibrio. 

 

Un proceso de recuperación marcado por el acompañamiento

El respaldo del Plan Padrino y el apoyo de su familia

En medio del proceso hospitalario, Jeisson supo que sería beneficiario del convenio de rehabilitación entre Fundación Enel y Fundación Betty Palomino, en apoyo al Plan Padrino de Fundación Enel. Tras ser dado de alta, el equipo del programa lo contactó y le explicó lo que cubriría su proceso de recuperación. 

Terapias físicas, prendas de compresión, apoyo psicológico y la posibilidad de una futura prótesis se convirtieron en el eje de su proceso. Estos acompañamientos empezaron a transformar su día a día. “Salí del hospital casi que sin poder caminar. Hoy ya camino mejor, subí de peso y tengo más fuerza. Mi mano izquierda estaba paralizada y hoy ya la muevo más”. 

Cada avance, por pequeño que fuera, le devolvía esperanza. Sin embargo, hubo un momento que marcó todo el proceso: estar vivo. “En un momento ni los doctores daban nada por mí. Viví los peores días de mi vida en un hospital, pero me mostré a mí mismo de lo que era capaz. Me pude levantar de mi caída más fuerte”.  
 
Su familia también fue fundamental. Su mamá, Fanys Tenjo, quien lo ha acompañado desde el primer día, recuerda cuánto cambió la vida de ambos. Ella lo ayuda a bañarse, vestirse y asistir a cada cita. “Es un milagro de Dios. Estuvo más muerto que vivo, estamos guerreando los dos”, cuenta. 

Aunque reconoce que hay días difíciles, Jeisson mantiene su convicción. “Hay días en los que uno no se siente bien, que no quiere nada, pero igual hay que seguir, hay que levantarse, siempre con las mismas ganas de salir adelante”. Su mirada se sostiene en la fe y la esperanza. “Me siento bien, satisfecho por lo que he logrado hasta ahora y por lo que quiero seguir logrando”. 

Su mensaje para quienes atraviesan situaciones similares es claro. “Después de la tormenta siempre viene la calma y para Dios no hay nada imposible”. También invita a creer en uno mismo: “Los límites los pone uno mismo. Si uno se cree capaz y lo intenta, uno va a lograr lo que sea”.

 

Un llamado a la prevención de accidentes eléctricos

Jeisson también deja un consejo claro para prevenir accidentes eléctricos: “Hasta el más experimentado puede fallar. Usen sus guantes, botas, todos sus medios de protección”.  

Conoce todas las recomendaciones para evitar accidentes eléctricos.
 
La historia de Jeisson es la prueba de que, incluso en los momentos más duros, la voluntad puede sobreponerse. Con disciplina, apoyo y esperanza, ha transformado el dolor en fuerza y la adversidad en un nuevo comienzo. Su camino demuestra que nunca es tarde para volver a empezar, incluso cuando la vida cambia por completo.