Oliverio Guzmán: cuando un accidente cambia la vida
Una vida dedicada al trabajo
Oliverio Guzmán tiene 65 años y durante gran parte de su vida trabajó como maestro de obra. Primero estuvo vinculado a proyectos del sector y luego decidió desempeñarse de manera independiente, realizando obras civiles, plomería y trabajos eléctricos internos.
“Mi trabajo siempre fue interno, del contador hacia dentro”, explica. La electricidad externa nunca hizo parte de sus labores habituales ni de su rutina diaria en las obras.
El día del accidente
El accidente ocurrió durante una jornada laboral en una obra en la que trabajaba junto a su hermano y varios ayudantes. Ese día, Oliverio llegó temprano, como de costumbre, pero algo inesperado cambió el rumbo de todo.
Un momento que marcó un antes y un después
Según le contaron después, los ayudantes estaban armando un andamio en el exterior de la obra. En medio de la jornada, Oliverio se subió al andamio, aunque reconoce que no tenía ninguna tarea asignada en ese lugar, ese día él estaba emocionalmente diferente “me sentía raro”.
“Yo no tenía nada que hacer en ese andamio, nada absolutamente”, afirma.
Un contacto inesperado con la energía
Al intentar estirarse, Oliverio tocó un cable energizado que no había identificado previamente. “Había un cable pelado por ahí, no sé, me cogió la corriente”, relata.
En ese momento, intentó soltarse apoyándose con la otra mano, pero el contacto fue aún mayor. La descarga eléctrica provocó una caída desde el andamio, lo que agravó las consecuencias del accidente.
“Yo no supe nada, no me di cuenta de nada”, recuerda. Perdió el conocimiento y no volvió a tener claridad de lo ocurrido sino hasta varios días después.
Despertar a una nueva realidad
Oliverio permaneció hospitalizado durante semanas. Solo después de ese tiempo empezó a comprender lo que había sucedido y las secuelas que el accidente había dejado en su cuerpo.
“Yo me vine a dar cuenta cuando estaba hospitalizado”, comenta. En ese momento, enfrentó una realidad completamente distinta, marcada por la pérdida de ambos brazos y la necesidad de depender de otros para todas sus actividades cotidianas.
El acompañamiento en su proceso de rehabilitación
Durante su recuperación, Oliverio fue vinculado al proceso de rehabilitación que apoya el Plan Padrino, un convenio de rehabilitación entre Fundación Enel y Fundación Betty Palomino, que le permitió acceder a terapias físicas, psicológicas, prendas de compresión y acompañamiento continuo.
“Me dijeron que me habían inscrito en el Plan Padrino y que me iban a colaborar”, recuerda. Desde entonces, asiste de manera constante a sus terapias y sigue cada indicación del proceso.
Un apoyo que se siente en lo cotidiano
El respaldo recibido ha sido fundamental para continuar con su rehabilitación. “Cada día es una alegría porque ya se siente uno apoyado por alguien”, afirma.
Las terapias, las prendas y el seguimiento constante han representado no solo un apoyo físico, sino también emocional, tanto para él como para su familia.
Recomendaciones para prevenir los accidentes eléctricos
- No manipules cables desnudos o pelados, es decir, sin aislamiento. Tampoco toques directamente los tomacorrientes ni las redes eléctricas con materiales metálicos.
- Cambia los elementos y las conexiones eléctricas que se encuentren en mal estado, siempre contratando a un experto.
- Cuando trabajes en la fachada de una edificación, respeta la distancia mínima de la red (2,30 metros) y asegúrate que los andamios no toquen las redes.
Conoce todas las recomendaciones para evitar accidentes eléctricos.
Un mensaje para no rendirse
Hoy, Oliverio comparte un mensaje para quienes atraviesan situaciones similares. “Primero que todo, fe en Dios, y segundo, no echar para atrás”, dice.
Su historia es testimonio de resiliencia y de cómo el acompañamiento oportuno puede marcar la diferencia cuando la vida cambia de manera inesperada.